Los jóvenes mexicanos hoy parecen adormecidos, indecisos y con incertidumbre sobre el futuro que les depara ante las circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales de los años recientes. Los acontecimientos que los han marcado provienen de todos los frentes y los han dejado con una duda ineludible: ¿qué sigue?
Salvador Medina Armienta
Jesus died for somebody else’s sins but not mine
Patti Smith
Patti Smith
En Estados Unidos los aplicantes a las instituciones de educación superior comienzan tomando cursos de tronco común durante sus primeros semestres, en ocasiones poco relacionados con su especialidad. En algunos casos, los estudiantes tienen la posibilidad, en caso de no estar decididos por alguna carrera, de dejar en blanco su campo de especialización hasta sentirse capaces de comprometerse con una. En Estados Unidos les llaman undeclared. Si eso existiera en México, el número de alumnos que haría lo mismo sería escandalosamente alto.
Esto no es una suposición aventurada o exagerada. Los jóvenes mexicanos hoy parecen adormecidos, indecisos y con incertidumbre sobre el futuro que les depara antes las circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales de los últimos años. Los acontecimientos que los han marcado provienen de todos los frentes y los han dejado con una duda ineludible: ¿qué sigue?
La generación en blanco
Podría decírseles generación en blanco porque no hay nada que los defina. Los jóvenes de hoy no cargan una bandera que los identifique con alguna causa. ¿El ambiente? ¿La identidad nacional? ¿El cambio político? ¿Una revolución cultural? No. El cambio climático sí es un tema de discusión, pero jamás algo alrededor de qué organizarse; México es un nombre, no una idea; son más apolíticos y desinteresados que nunca; nuestro país hoy lee menos que nunca, sobre todo los jóvenes. La última Encuesta Nacional de Lectura arrojó que los mexicanos leemos 2.9 libros al año, cifra que es desmentida inmediatamente cuando detectamos que la población que asegura leer, no recuerda el nombre del último libro que leyó.
Podría decírseles generación en blanco porque no hay nada que los defina. Los jóvenes de hoy no cargan una bandera que los identifique con alguna causa. ¿El ambiente? ¿La identidad nacional? ¿El cambio político? ¿Una revolución cultural? No. El cambio climático sí es un tema de discusión, pero jamás algo alrededor de qué organizarse; México es un nombre, no una idea; son más apolíticos y desinteresados que nunca; nuestro país hoy lee menos que nunca, sobre todo los jóvenes. La última Encuesta Nacional de Lectura arrojó que los mexicanos leemos 2.9 libros al año, cifra que es desmentida inmediatamente cuando detectamos que la población que asegura leer, no recuerda el nombre del último libro que leyó.
A esto debemos agregar que los jóvenes se están autodestruyendo. Aquellos que deben prepararse para tomar la estafeta a las generaciones que van de salida, están tan inmersos en ellos mismos que no logran ver el impacto de sus acciones.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) la principal causa de muerte entre los jóvenes (15 a 29 años) son los accidentes automovilísticos. El segundo, según diversas agencias, ya es el suicidio. Este último problema se presenta con mayor frecuencia en Veracruz, Jalisco, Distrito Federal y Nuevo León.
¿Qué está pasando que los jóvenes están acabando con ellos mismos? ¿Es que ya hay tan poco de qué detenerse que el suicidio se ha vuelto una salida fácil e inmediata? Además, no existe una cultura en México sobre el uso del condón. Nuestra historia machista y la falta de campañas y conciencia al respecto ha provocado que los jóvenes tengan relaciones sexuales sin protección en números alarmantes. En cuanto se haga una encuesta nacional seria sobre sexualidad y sida se darán descubrimientos que pondrán en alerta a más de uno. Si tomamos en cuenta que esta enfermedad es la causa de 7.5 por ciento de las muertes de hombres de 25 a 29 años, debemos entender que las cifras son para tomarse en cuenta de forma inmediata.
¿Y la educación?
Las cifras son claras: México es un país ignorante. Cuando tomamos en cuenta que alrededor de 26 por ciento de la población son jóvenes de entre 15 y 29 años, unos 27.18 millones, y que de ellos apenas 28 por ciento acude a la escuela, entendemos la extensión del problema. Casi 30 por ciento se encuentra en rezago educativo, es decir, no ha acabado siquiera la primaria.
Las cifras son claras: México es un país ignorante. Cuando tomamos en cuenta que alrededor de 26 por ciento de la población son jóvenes de entre 15 y 29 años, unos 27.18 millones, y que de ellos apenas 28 por ciento acude a la escuela, entendemos la extensión del problema. Casi 30 por ciento se encuentra en rezago educativo, es decir, no ha acabado siquiera la primaria.
Además, según la última Encuesta Nacional de Juventud, 9 por ciento de los hombres tiene la universidad completa, mientras que en el caso de las mujeres la cifra alcanza apenas 5 por ciento. Hay un asunto evidente aquí: las mujeres siguen teniendo problemas para continuar su educación. Quizá sean culturales y ya no tanto de acceso a ella, lo cual es todavía más preocupante y profundo.
El país completo y su sistema provocan que la mujer no se desarrolle en un contexto que promueva sus capacidades, sino, al contrario, las sofoca.
Otro gran problema que enfrentamos es el rezago en las poblaciones indígenas. Esto se evidencia claramente cuando observamos que la tasa de analfabetismo es de 6.6 por ciento cuando la media nacional de alrededor de 2.8 por ciento. ¿Cómo se promueve la cultura e identidad de alrededor de 6 millones de habitantes, cuando ni siquiera se les enseña a leer y escribir?
El rezago educativo debería ser un problema de seguridad nacional. Una reciente encuesta del periódico Excélsior invitó a sus lectores a responder qué es para ellos un problema más grave: el narcotráfico o la economía. El simple hecho de que el narcotráfico ocupe un lugar más importante en la psique del mexicano que la educación es un dilema en sí mismo.
No se trata de levantar olas o ser condescendientes con el grave problema de la violencia que provoca el tráfico de drogas por México, simplemente debemos priorizar. Para construir las bases de un proyecto de nación es necesario hacerlo a través de una educación de calidad que prepare a la población para los grandes cambios a enfrentar.
¿Cuál cultura?
La promoción de la cultura se vuelve cada vez más difícil entre las nuevas generaciones. No sólo hay una errónea concepción muy arraigada de que la cultura aburre y es una pérdida de tiempo, sino que el culto a las nuevas tecnologías, como lo han señalado grandes comentaristas del panorama nacional, desplaza a las humanidades.
La promoción de la cultura se vuelve cada vez más difícil entre las nuevas generaciones. No sólo hay una errónea concepción muy arraigada de que la cultura aburre y es una pérdida de tiempo, sino que el culto a las nuevas tecnologías, como lo han señalado grandes comentaristas del panorama nacional, desplaza a las humanidades.
Internet es una gran herramienta para la difusión del conocimiento y la democratización de los medios, pero también se vuelve una distracción. Las grandes redes sociales no son sólo medios de interconexión entre los jóvenes, sino un obstáculo más entre ellos y un libro.
Hoy la holgazanería es una profesión. 28 por ciento de los universitarios nunca ha pisado una librería. ¿Qué clase de país crea un sistema educativo donde no sólo no se promueve la lectura, sino que es posible conseguir un título universitario sin tener que leer?

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